“Kony 2012”. Lo que realmente sucede en Uganda

Fuente: Dossier Geopolitico, 1 abril 2012

 

Kony 2012 es el título de una campaña lanzada por la organización Invisible Children Inc., basada en un video homónimo de no más de 30 minutos y que ha tenido una difusión viral en Internet, llegando en muy pocos días (habiendo sido publicado el pasado 5 de marzo) a casi 100 millones de visualizaciones. La campaña tiene como objetivo sumar apoyos para la detención de Joseph Kony, el guerrillero ugandés acusado de “crímenes contra la humanidad” por la Corte Penal Internacional de La Haya (CPI). La idea de la campaña es suscitar los esfuerzos de la comunidad internacional para el arresto de Kony, dándole al caso la mayor difusión que sea posible. Hasta el momento, nada de original. Resulta llamativo que la organización Invisible Children Inc. busque la movilización de voluntarios cuando, por un lado, cuenta con la capacidad suficiente como para hacer lobby sobre decenas de personajes famosos (políticos y personalidades del mundo del espectáculo incluidos) convenciéndolos de ser patrocinadores de su campaña y, por el otro, posee además capacidad para comprar pancartas, brazaletes y otros materiales  propagandísticos.

De todas maneras hay algo que resulta evidente. La historia de Kony es contada de manera recortada y muy rápidamente como la de un hombre brutal, carente tanto de ideales como de seguidores, que se dedica a secuestrar niños para ponerlos a luchar a su servicio.

La explicación de por qué muchas personas (que probablemente antes de ver el video no habrían sido capaces de localizar a Uganda en el mapa) deberían movilizarse por la campaña ocupa sólo una pequeña parte de la video. Gran parte de éste, en cambio, se dedica a ensalzar las virtudes del potencial de Internet, la movilización desde abajo, y a mostrar imágenes de jóvenes y fotogénicos activistas intentando difundir la causa y sus aparatos tecnológicos, decorados con logos y símbolos gráficamente muy elaborados. Los mensajes y las imágenes recuerdan lo sucedido con los hechos y la interpretación – a mi juicio forzada, como he argumentado en otra parte – de la “primavera árabe” como un levantamiento de “la gente de Facebook y Twitter“. Y también lo sucedido con las llamadas “revoluciones de colores”, las cuales una profesional y capilar red de organizaciones “no gubernamentales” norteamericanas fue capaz de organizar en varios países (Serbia, Georgia, Ucrania), durante los últimos años.

Otro elemento a tener en cuenta es que en Kony 2012 se apoye el envío de militares estadounidenses a Uganda, decidido por Obama. El continuo apoyo militar a las fuerzas armadas ugandesas es sin duda el principal objetivo de la campaña: en realidad se quiere evitar que el Congreso pueda elegir una retirada del país africano como opción. La decisión del Presidente Obama es retratada como el resultado de la presión ejercida desde abajo por Invisible Children, Inc. en los últimos años, y como una misión militar decidida “simplemente porque la causa es justa”. Esta es una lectura simplista, como es superficial y maniquea la descripción que se da sobre la situación ugandesa. Pero, antes de continuar con estos juicios, abramos un paréntesis sobre los artífices de la campaña Kony 2012.

Invisible Children, Inc. fue fundada en 2004 con el propósito expreso de contrarrestar la acción del Ejercito de Resistencia del Señor (LRA por sus siglas en ingles) de Joseph Kony. Sus fundadores, Jason Russell, Bobby Bailey y Laren Poole, por esos tiempos estudiantes universitarios, quedaron impresionados por lo que vieron durante un viaje a Uganda en 2003. Hoy Invisible Children, Inc. recoge cerca de US$ 14 millones al año, con un beneficio neto de casi 5 millones de dólares. En 2011 el 16,24% de los gastos fueron destinados a la partida “Management & General”. Al 30 de junio 2011 declaraba activos por poco menos de $ 7 millones de dólares. Jason Russell, a la sazón director y narrador de Kony 2012, recibe como retribución el 1% de los gastos totales de la organización, es decir, 89.669 dólares por año. Similares remuneraciones reciben el co-fundador Laren Poole y el Director Ejecutivo Ben Keesey. Sin embargo, parece que las cifras estimadas para este año son aun más prometedoras. Guiándose solo por lo que ha declarado Jason Russel, en una sola semana Invisible Children habría vendido 500.000 kits de sus materiales propagandísticos por US$ 30 cada uno, contabilizando en total unos 15 millones de dólares.

La organización, como se vanagloria también en el video, ha sido una de las promotoras del Lord’s Resistance Army Disarmament and Northern Uganda Recovery Act, firmado en mayo de 2010 por el presidente Barack Obama, por el cual 100 asesores militares estadounidenses fueron enviados al país africano para apoyar el Ejército Nacional contra los rebeldes del LRA. Sin embargo, es fácil imaginar que, al contrario de lo que parece sugerir Kony 2012, la decisión de la Casa Blanca no fue dictada sólo, o principalmente, por razones humanitarias. Pero para entender mejor la situación tendremos que aventurarnos en una larga exposición sobre la situación de Uganda.

A la par de muchos otros países africanos, cuyos confines fueron demarcados arbitrariamente por las potencias coloniales europeas, Uganda está atravesada por tensiones interétnicas. La principal es la que se da entre los Baganda (o Ganda), habitantes del sur y del este del país, y los Acholi, que viven en el norte y también por fuera de los confines de Uganda, en Sudán del Sur. La historia de Uganda después de la independencia (1962) ha estado marcada por golpes de estado y guerras civiles, a menudo construidas sobre las diferencias preexistentes entre las étnias. El primer presidente de Uganda como país independiente, Edward Mutesa, era al mismo tiempo Mutesa II, rey de Buganda, a pesar de que el mayor poder lo tenía el primer ministro Milton Obote (de la etnia Lango, afín a los Acholi). En 1966, tras un golpe de Estado, Obote se convierte en presidente, en respuesta a un intento de juicio político llevado a cabo desde el parlamento, pero en 1971 es a su vez derrocado y reemplazado por su antiguo aliado, el comandante del Ejército, Idi Amin. En 1978 estalló una guerra con Tanzania y en 1979, apoyados por las armas extranjeras, los exiliados (principalmente acholis y langos) lograron hacer regresar a la presidencia a Obote. El regreso de Obote fue legitimado por el voto popular considerado poco transparente por sus rivales. Yoweri Museveni, un nativo del sur bantú, creó el “Ejército Nacional de Resistencia” (NRA por sus siglas en inglés). De hecho, el choque fue entre el NRA, apoyada por Buganda, y el gobernante Ejército Nacional de Liberación (UNLA) de los Lango y los Acholi. En 1985, Obote fue derrocado por un nuevo golpe de militar, nacido en el seno de los Acholi, pero en enero de 1986, a pesar de la intervención desde Zaire de Mobutu, la NRA gana la guerra y Museveni se convierte en presidente. Él todavía conserva el poder en un régimen en el que todos los partidos políticos están prohibidos, dándole cierta estabilidad al convulsionado país.

Sin embargo, la larga presidencia de Museveni no ha sido todo color de rosas. Su agenda neoliberal ha significado graves costos sociales a cambio de crecimiento económico, que no por casualidad se ha concentrado en la zona bantu, dónde radica el apoyo a su gobierno, mientras que el norte ha sido descuidado. Museveni ha mostrado una cierta agresividad hacia sus vecinos, que llegó a su punto máximo con la intervención ugandesa en la guerra civil somalí; intervención apoyada fuertemente por los EE.UU, lo que llevaría también a creer que la ayuda militar ordenada por Obama fue concedida, más que por motivos humanitarios, con el objetivo de ayudar a un aliado belicoso que ya en Somalia había perdido centenares de soldados.

El gobierno de Museveni, desde su creación, ha tenido que enfrentar una serie de levantamientos y movimientos de resistencia concebidos desde una base étnica. De hecho, el norte del país ha sido sometido a la ocupación militar del NRA, el cual no ha dejado de involucrarse en crímenes de guerra que han sido también registrados por Amnesty International. Es en este clima donde ha surgido la “Lord’s Resistance Army” (LRA) de Joseph Kony, guerrillero cristiano y acholi. La lucha entre el LRA y el NRA se ha llevado adelante sin tregua: el gobierno ha sido acusado más o menos las mismas atrocidades atribuidas al LRA, incluyendo la explotación de niños que es el leitmotiv de Kony 2012. Pero la Corte Penal Internacional (CPI) en 2005 emitió órdenes de arresto sólo a los líderes del LRA. Vale la pena mencionar que la Corte Penal Internacional fue creada en 2002 y es reconocida actualmente por 120 países. Entre los países que no reconocen la autoridad de la corte sobre sus asuntos se encuentra los EE.UU., Israel, China, India y Rusia.

El conflicto interno que enfrenta Uganda ha llamado la atención, para nada desinteresada, de otros países. El LRA ha sido apoyado por Sudán, decidido a vengarse del apoyo prestado por Museveni a los independentistas del Ejército de Liberación del Pueblo de Sudan, o “Sudan People’s Liberation Army” (SPLA). Sudán del sur, en parte gracias al SPLA, ha recientemente logrado su independencia, pero la tensión con Jartum sigue siendo altísima. En el ínterin, la LRA ha sido reestructurada y se ha trasladado sus fuerzas hacia Sudán del Sur. El gobierno de Uganda, en cambio, como se mencionó anteriormente cuenta con el apoyo de los EE.UU. (mientras que Sudán ha sido y es todavía un gobierno cercano a China). Incluso antes del mencionado decreto de Obama, los EE.UU. habían enviado hombres y armas para apoyar a Museveni en las operaciones de AFRICOM, el comando de la OTAN para misiones en África, creado hace unos años como reacción a la penetración política y comercial de China en el continente negro. En 2008-2009, los EE.UU. apoyaron la llamada Ofensiva de Garamba, en el Congo, dirigido por las fuerzas de Uganda, del gobierno congoleño y del SPLA sudanés contra el LRA de Kony. En realidad el LRA se encuentra casi completamente erradicado de Uganda. En los últimos años ha mostrado signos de actividad sólo en los países vecinos.

No han faltado los criticos de Kony 2012. La perdiodista ugandesa Rosebell Kagumire ha revelado la ultra-simplificación de la historia operada en el video. Una fuente de indudable prestigio como Foreign Affairs, la revista del Council on Foreign Relations, unánimemente considerado el más influyente think tank de EE.UU., ha escrito a propósito de las organizaciones que, como Invisible Children, Inc., han defendido la causa de la participación de EE.UU. en el conflicto ugandés: “En sus campañas, estas organizaciones han manipulado los hechos en razón de fines estratégicos, exagerado el tamaño de los secuestros y  los asesinatos perpetuados por el LRA, haciendo hincapié en la utilización de niños inocentes como soldados, y pintando a Kony – sin duda un personaje brutal – como la encarnación única y aterradora del mal, una especie de Kurtz [el protagonista de El Corazón de las Tinieblas de Conrad]. Excepcionalmente se han referido a las atrocidades del gobierno de Uganda o las del People’s Liberation Army sudanés (incluidos los ataques contra civiles, el saqueo de viviendas y las actividades civiles), o la compleja política regional detrás del conflicto”. Michael Deibert, un famoso periodista que ha estudiado a fondo la cuestión ugandesa y dedicado un libro al tema, ha criticado duramente la campaña Kony 2012. Lejos de defender al líder del LRA, Deibert ha sin embargo notado que “el actual gobierno de Uganda también ha hecho uso intensivo de los Kadogo (niños soldados), poniéndolos a combatir al lado de las milicias de niños soldados que también emplea la Republica Democrática del Congo; cosa que Invisible Children parece ignorar voluntariamente”. La tesis de la no imparcialidad de la organización parece confirmada por una foto que muestra a los tres fundadores posando, con armas y en actitud belicosa, al lado de los rebeldes de Sudán del Sur. La misma Glenna Gordon, autora de la foto, ha declarado que considera a los tres como “neocolonialistas”, y que piensa que ellos están orgullosos de serlo.

No hay ninguna intención de cuestionar la buena fe de los dirigentes, activistas o simpatizantes de Invisible Children. Pero la realidad es mucho más compleja de lo que se cuenta en el video de media hora. Kony, que en la filmación (y en carteles de propaganda) es explícitamente presentado como un nuevo Hitler o Bin Laden, es sin duda un personaje censurable; pero es también el producto de la lucha de un pueblo, el acholi, que ha sido oprimido por un presidente, Museveni, quién ciertamente no se ha distinguido por liberalismo, respeto de la soberanía popular o derechos humanos. Y la presunción de buena fe no exime a Kony 2012 de la crítica, sobre todo cuando se hace partidario explícito de la intervención militar de EE.UU. en Uganda. Una intervención que sólo una cierta ignorancia de los acontecimientos de África y una gran dosis de ingenuidad puede hacer creer, como afirma el documental, que tiene por fin solamente “hacer lo que es justo”. Los EE.UU. han intervenido en Uganda como parte de la militarización de las relaciones con el continente, que ha sido necesaria debido a la penetración política y comercial de China en África. El envío de asesores militares a Museveni, posible preludio a una escalada bélica (¿tal vez el verdadero fin de la campaña viral Kony 2012?), debe ser considerado junto con los atentados con aviones no tripulados en Somalia, con la intervención para derrocar a Gaddafi en Libia, y con el accionar francés en Costa de Marfil para deponer a Gbagbo. El documental de Julien Teil “La guerre humanitaire” ha demostrado el papel poco transparente de las organizaciones no gubernamentales en la preparación de la intervención de la OTAN en Libia. Invisible Children hace hincapié en la necesidad de enviar tropas de Estados Unidos a Uganda en un momento en el cual el LRA está debilitado y en el que, de acuerdo con una gran mayoría, Kony no se encontraría en el país desde hace ya años. No parece arriesgado a esta altura ubicar a Kony 2012 en el marco de una estrategia norteamericana de soft power, conminada a mantener la ampliación – no necesariamente de modo pacífico- de la influencia de Washington en África.

(Traducido por Leandro Brufal)

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